


Si de dureza debo hablar, primero viene
el acero y luego estos tipos.
Ante sus miradas, que expresan mucho más
de lo que yo pueda decir en palabras,
estas fotos para mi sólo representan dos
cosas: reconocimiento y valor, una especie
de deuda interna que mezcla un sentimiento
de admiración y respeto por cómo encaran
cada día de trabajo más allá de los
problemas de sus vidas personales.
Uno con su hijo a punto de ser operado en
el brazo y sin encontrar la forma de
pagar la cirugía.
Uno con problemas en los huesos que
prácticamente le impiden caminar sin la ayuda
de un bastón, dado el esfuerzo que hizo en
sus 65 años de edad.
Uno que cayó en cana como perejil siendo
remisero, a la espera de que le devuelvan
el auto para retornar a su viejo oficio.
Y otro que espera ansioso la jubilación
porque ya no puede mantener el ritmo diario...
Creadores de realidad les digo yo. Ellos
arman la realidad con sus propias manos.
Pero no su realidad sino la realidad de otros.
Muchas veces adquirimos bienes o compramos
cosas que no sabemos de donde vienen,
y yo mismo soy inconsciente de eso también en
varias ocasiones. Pero cuando uno se encuentra
con esas manos puede ver de que están hechas
las cosas.
El frío o el calor no existen. Querer matar el
tiempo es peor, solamente prolonga más el día.
No se puede esquivar la responsabilidad porque
evidencia el trabajo no realizado. Solo
queda la voluntad, que luego de tantos años
se transforma en arrugas, en manos duras,
en corazones acorazados para no sentir el dolor
de sus huesos gastados. De sus vidas, de sus
realidades. Esas que no me permiten sacarles ni
una queja. Mientras, me regalan una sonrisa
y me dicen que la vida es buena.
Si de dureza debo hablar, primero vienen ellos
después el acero.
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