miércoles, 12 de enero de 2011




Si de dureza debo hablar, primero viene

el acero y luego estos tipos.

Ante sus miradas, que expresan mucho más

de lo que yo pueda decir en palabras,

estas fotos para mi sólo representan dos

cosas: reconocimiento y valor, una especie

de deuda interna que mezcla un sentimiento

de admiración y respeto por cómo encaran

cada día de trabajo más allá de los

problemas de sus vidas personales.

Uno con su hijo a punto de ser operado en

el brazo y sin encontrar la forma de

pagar la cirugía.

Uno con problemas en los huesos que

prácticamente le impiden caminar sin la ayuda

de un bastón, dado el esfuerzo que hizo en

sus 65 años de edad.

Uno que cayó en cana como perejil siendo

remisero, a la espera de que le devuelvan

el auto para retornar a su viejo oficio.

Y otro que espera ansioso la jubilación

porque ya no puede mantener el ritmo diario...

Creadores de realidad les digo yo. Ellos

arman la realidad con sus propias manos.

Pero no su realidad sino la realidad de otros.

Muchas veces adquirimos bienes o compramos

cosas que no sabemos de donde vienen,

y yo mismo soy inconsciente de eso también en

varias ocasiones. Pero cuando uno se encuentra

con esas manos puede ver de que están hechas

las cosas.

El frío o el calor no existen. Querer matar el

tiempo es peor, solamente prolonga más el día.

No se puede esquivar la responsabilidad porque

evidencia el trabajo no realizado. Solo

queda la voluntad, que luego de tantos años

se transforma en arrugas, en manos duras,

en corazones acorazados para no sentir el dolor

de sus huesos gastados. De sus vidas, de sus

realidades. Esas que no me permiten sacarles ni

una queja. Mientras, me regalan una sonrisa

y me dicen que la vida es buena.

Si de dureza debo hablar, primero vienen ellos

después el acero.

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